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El Tesoro de Ordovicico

 

Ribadesella depara siempre una sorpresa nueva en esto de las eras geológicas y de los rastros paleontológicos, como si la corteza terrestre hubiera concentrado todos sus tesoros remotos en este concejo y quisiera convertirlo en su museo permanente. Ahora, ya no se trata sólo del Magdaleniense, ni del Cuaternario, el Jurásico... sumamos el periodo Ordovícico y seguimos escarbando.

En el Museo del Carmen puede visitarse una exposición permanente, la colección «Ordovícico del Fabar». El descubrimiento ha sido fruto de una casualidad de los nuevos tiempos. Hace unos años, el trazado de la Autovía del Cantábrico y el perforado del túnel del Fabar, sacó a la luz un inmenso hallazgo de esta era geológica. Paradójicamente, las máquinas excavadoras actuales son réplicas funcionales de los organismos más numerosos que se han encontrado en el Fabar: los trilobites, famosos por sus excavaciones y enterramientos en el fango en busca de microorganismos. Así que la cosa va de túneles y la evolución parece clara: los humanos somos trilobites en potencia y hacemos túneles para buscar el camino más corto y poder avanzar en busca de comercio, cultura, ocio, gastronomía...

La mayor parte de las formas de vida encontradas en el túnel resultan ultra primitivas. Ya se conocían casi todas: los citados trilobites, diploporitos, graptolitos, quitinozoóforos, moluscos rostroconchas, gasterópodos bellerofóntidos y un largo etcétera. Sin embargo, a la par que se ganaban metros bajo tierra, los estudiosos iban empleando sus instrumentales en más de un centenar de puntos del subsuelo, presenciando en directo una auténtica lluvia de fósiles de todos los tamaños y formas.

Las prospecciones paleontológicas, así como el posterior escrutinio y "machacado" -de cerca de dos centenares de toneladas de roca de pizarra- permitieron constatar que hace unos 500 millones años, allá por el Paleozoico, había más bichos de los que cabría esperar. Por aquel entonces el mar invadía la tierra firme de los continentes. Una era inmemorial pasada por agua en la que los vertebrados hicieron su aparición como animales acuáticos; también aparecieron los corales y los propios trilobites. Un reinado marino que fue en cierto modo comparable al de los dinosaurios en los ecosistemas terrestres del jurásico y Cretácico.

Lo bueno es que algunos de los fósiles encontrados en el Fabar rompen más de un esquema científico, resultan problemáticos y parecen no encajar en las tipologías conocidas. Se sabe de ellos cuándo y dónde vivieron, pero se desconoce qué fueron en realidad. Entre todos los habitantes del túnel se han descubierto nada menos que 14 especies nuevas para la ciencia, destacando unas estructuras cilíndricas sorprendentes y desconocidas, con una ranura estrecha que los atraviesa. Todo un hallazgo bautizado como Tunelia riosellana para que algo quede en casa.
 
Como vemos, los montones y montones de pizarra extraídas del túnel escondían una gran recompensa. Sin embargo, el trabajo de clasificación no fue fácil. Tampoco lo fue el transporte al Museo Geominero de Madrid de toneladas y toneladas de roca, ni el ulterior análisis de laboratorio. La investigación ya supera los cuatro años y, por supuesto, aún no está concluida. Los misterios de la vida ordovícica en Ribadesella resultan numerosos y de un alcance aún por determinar, pero el yacimiento ya se cita como uno de los más importantes del mundo y está creando un buen número de expectativas científicas.

Los encargados de las investigaciones han destacado en un documento reciente que el túnel del Fabar permite aventurar muchas cosas del medio ambiente de aquel periodo, pues sus catas han logrado identificar una descomunal erupción volcánica, algún tsunami de la época, el petróleo más antiguo de la Península Ibérica y organismos ultramicroscópicos que sólo han llegado a ver con cerca de 20.000 aumentos.

Una muestra de este importante hallazgo se expone en las recién Escuelas del Carmen. La exposición se organiza en dos salas diferenciadas. En la primera se pasa revista a la obra del túnel, a la cartografía geológica del mismo y se describen las condiciones climáticas del planeta tierra en aquellos años inmemoriales. La segunda sala expone y explica los tipos de fósiles encontrados en el Fabar. Todos ellos guardan ese aspecto enigmatico que le concede la antigüedad. A primera vista se aprecia su lejanía y falta de parentesco con los grupos zoológicos actuales. También comprendemos a un primer golpe de vista que la diversidad de organismos ordovícicos del Fabar es más que considerable, los mismo que los cientos de rastros que dejó el comportamiento de estos bichos: caminar, reptar, excavar, reposar... Y luego están las larvas, las conchas vacías de organismos que completaron su ciclo vital, los restos de mudas cuando estaban en crecimiento, etcétera.

En el Carmen podemos descubrir también el verdadero mérito de estos antepasados tan ilustres en relación con la evolución de las especies. Los ojos de los trilobites, por ejemplo, representan el sistema visual fósil más antiguo conocido, guardando cierto parecido con el de los insectos actuales.
 
Teléfono:

985 86 15 63

Horario del Museo del Carmen

Temporada Baja:

Martes, miércoles y jueves de 10,00 a 15,00 horas
Viernes y sábados de 10,00 a 14,00 horas y de 16,00 a 19,00 horas
Domingos de 10,00 a 14,00 Cerrado


Temporada Alta:

Martes, miércoles y jueves de 12,00 a 14,00 horas y de
17,30 a 20,30 horas.
Viernes y sábados de 12,00 a 14,00 horas y de 17,00 a 21,00 horas.
Domingos de 12,00 a 14,00 horas.
 

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